jueves, 17 de noviembre de 2011

PRESENTACIÓN LIBRO "ESPÍAS Y GUERRILLEROS EN LA SIERRA DE ESPADÁN" de Clemente González (28-10-11)


Estamos en agosto de 1938, en la Sierra de Espadán. Los sublevados habían conseguido llegar al mar 4 meses antes y ahora protagonizan ataques intensivos en esta Sierra. Los dos bandos enfrentados están estabilizados en las montañas y buscan el modo de avanzar hacia la victoria. El bando republicano decide entonces infiltrar unos 300 guerrilleros “Listeristas” en territorio nacional, pero los descubren, entre otras cosas, por llevar armas distintas.
El combate duró medio día y los republicanos huyeron por las montañas, siendo perseguidos por los nacionales durante las siguientes semanas.

El inicio del libro "Espías y guerrilleros en la Sierra de Espadán" que nos presenta el propio autor es prácticamente casual, no había intención de escribir sobre esto. En su charla nos explica que estaba en el Archivo de Ávila buscando documentación cuando cayeron en sus manos, por casualidad, archivos que hablaban de estos hechos.

Fue guardándolos  y despertó en él el ansia de saber más sobre estos acontecimientos con la idea de publicar un artículo. Ese artículo fue creciendo y acabó convirtiéndose en el libro que aquí nos presenta.

Como nos explica él mismo, este libro tiene algo diferente; a la investigación histórica le suma un trabajo de campo, combinando con éxito el conocimiento histórico y el conocimiento del terreno. Así el lector puede sacar sus propias conclusiones; conclusiones desde el punto de vista histórico y afectivo, pudiendo aproximarse a aquellos hombres y poder conocer lo que allí pasó y  visitar el lugar donde ocurrieron.

Desde la Asociación Cultural “Les Muntanyes de la Guerra” agradecemos la deferencia de Clemente al elegirnos para la presentación de su libro. Esperamos tenga éxito en este y en sus próximas publicaciones.  


TEXTO Y FOTOS: S. Flich

miércoles, 16 de noviembre de 2011

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "DIARIO DE GUERRA. Memorias de un combatiente de la LXIV Brigada Mixta"



El pròxim dijous, 17 de Novembre, en la LIBRERÍA ARGOT (c/ San Vicente, 16. Castellón) se presenta el llibre:

DIARIO DE GUERRA. Memorias de un combatiente de la LXIV Brigada Mixta.

de Juan Francisco Fuertes Palasí.

La presentació del citat llibre i la xerrada seran a càrrec del propi autor i de l'editor.

Vos esperem allí.

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El próximo jueves, 17 de Noviembre, en la LIBRERÍA ARGOT (c/ San Vicente, 16. Castellón) se presenta el libro:

DIARIO DE GUERRA. Memorias de un combatiente de la LXIV Brigada Mixta.

de Juan Francisco Fuertes Palasí.

La presentación del libro y la charla correrán a cargo del propio autor y del editor.

Os esperamos allí.  

martes, 15 de noviembre de 2011

TRINCHERAS DE "EL CABEZO" DE VILLAMALUR. Sálida de la Asociación (13-11-11)

El domingo, aunque lluvioso a ratos, pudimos disfrutar varios de los miembros de la asociación de una escapada al pequeño cerro de "el Cabezo", en el término de Villamalur.


Gracias a la labor de vecinos desineteresados estas trincheras han sido acondicionadas y restauradas para poder disfrutar de ellas mejor, sin perderse así una pequeña parte de nuestra historia; aunque gracias también a ese "abandono" durante años es posible que hayan llegado a nosotros en ese estado tan magnífico.





Y para saber un poco de lo que allí ocurrió qué mejor que rescatar una parte de antigua entrada de este mismo blog: Trincheras de Villamalur (28.03.10)

(...) La población de Villamalur fue tomada el 24 de julio por fuerzas de la 1ª División nacionalista, que tras desplomarse la resistencia en la bolsa de Rubielos y después de un penoso avance durante meses de combates consiguió entrar en la población tras descolgarse a través de la zona de Tales. 

Enfrente tenían las Brigadas Mixtas 116, 117 y 118, que conformaban la 25 División republicana, la cual ocupaba las posiciones del Cabezo entre otras del sector. Al día siguiente, 25 de julio, el Ejército del Ebro cruzaba sorpresivamente el río y la 1ª División era requerida con urgencia para actuar en aquel otro escenario. Desde ese momento Villamalur quedaba guardada por la 108ª División nacional, que en días sucesivos penetraría a través de la zona denominada Pinares de Villamalur para formar una línea de resistencia estable más allá del vértice Cabezo, ahora ya en manos franquistas, durante el resto del conflicto (...).



Para no fallar a la costumbre, y para ir acostumbrándonos a trabajos de fuerza, Ernesto, Pepe, Javi y Manolo (con el "apoyo" moral de Carlos) demostraron sus buenas artes en restauración y colocaron en su sitio alguna piedra desmoronada.


Para poder ver más fotografías de esta corta salida, se puede hacer aquí (FOTOS TRINCHERAS DE VILLAMALUR).

Esperamos os guste.


Texto: S. Flich y Juan Fco. Fuertes Palasí

Fotos: Silvia Flich



martes, 1 de noviembre de 2011

APARECIÓ “EL NIÑO”

A finales de 2009 en uno de los primeros artículos que aparecían en este blog hablábamos de la alimentación del soldado en los frentes. Uno de los productos básicos de su ingesta, recordaremos, fue la leche condensada donde dos fueron las marcas mas consumidas, probablemente las únicas: “La Lechera” y “El Niño”. Como ya explicamos, en la época ambas firmas comerciales procedían de la industria lechera cántabra, de modo que tras la caída de Santander a finales de agosto de 1937 ambas marcas quedaron en poder de los franquistas, de cualquier manera la abundancia de existencias del producto, habida cuenta de su larga conservación, permitió el almacenaje y suministro al bando republicano durante mucho tiempo más.
 


Cuadro de texto: Milicianos almacenando pilas de cajas de botes de leche condensada ¨La Lechera”. 
A la derecha de la fotografía se observa una caja de la marca “El Niño”.
A raíz de aquello recibimos semanas más tarde un mensaje de Miguel, en las que aseguraba que la identidad del niño correspondía a su padre, Manuel Vicente. Inmediatamente recabamos de Miguel algo más de información, dado lo entrañable de una historia que tantos años después nos permitía, en cierto modo, conocerla en todos sus detalles. Muy amablemente Miguel nos remitió algunas fotografías de su padre, “El Niño”, que al compararlas con el grabado de la marca nos permitían confirmar (con las debidas reservas que la confrontación de las imágenes requieren) la verdadera identidad del pequeño personaje de nuestra historia.  
Tras varios intentos de contactar nuevamente con nuestro informador e hijo del protagonista con la ilusión de recabar más datos, nada hemos podido seguir averiguando, pues Miguel parece rechazar nuestra invitación a ofrecernos más información. Por ello, y respetando la aparente voluntad de Miguel de no ofrecer más datos, respetuosamente omitimos voluntariamente los apellidos y de cualquier modo le agradecemos su atención.
La imagen de la marca “El Niño” respondía a la imagen fractal de un niño de corta edad que asomaba por la embocadura del bote de leche en cuya etiqueta se reflejaba de nuevo la misma imagen recursiva en bucle sin fin, ofreciendo una iconografía conocida como “efecto Droste”, imagen empleada en las carátulas propagandísticas de diversos productos comerciales, especialmente los alimenticios. En lo que respecta a la historia de la marca publicitaria, decir que en mayo de 1927 aparecía en el diario ABC un concurso en el que el lector participante debía adivinar la edad que “El Niño” tenía en el grabado, ofreciendo como pista que en aquel mismo año cumplía los tres años. Hoy, por lo tanto, Manuel Vicente debería tener 87 años.

 
Dejamos expuestas las fotografías comparativas para que nuestros seguidores opinen por ellos mismos.
 
  
Juan Francisco Fuertes Palasí

jueves, 27 de octubre de 2011

PRESENTACION DEL LIBRO, "ESPIAS Y GUERRILLEROS EN LA SIERRA DE ESPADAN"


El proper divendres dia 28 d'octubre del 2011, en el Palau de Vivel a la Vall d'Uixó, tindrà lloc la presentació del llibre:

ESPIAS Y GUERRILLEROS EN LA SIERRA DE ESPADÁN"

El citat llibre serà presentat pel seu propi autor, Clemente González

Vos esperem, estarà molt bé.

jueves, 13 de octubre de 2011

MUERTE EN LA SIERRA


Joaquín, un nonagenario vecino de Chóvar, tenía diecisiete años cuando a los pocos días de finalizada la guerra decidió darse un paseo por el castillo de Castro para curiosear. Pero no llegó a la cima. Una vez alcanzadas las estribaciones más altas comenzó a toparse con las líneas defensivas que apenas quince días antes ocupaban los defensores republicanos. Del interior de una de las trincheras pudo ver como sobresalían los restos cadavéricos de un soldado que le observaban a través de sus cuencas vacías; algo más adelante, aún enganchado en una de las alambradas, pendía otro acartonado despojo. No se atrevió a ver más, con el miedo metido en el cuerpo dio media vuelta y regresó al pueblo.
En los años cincuenta mi tío era estudiante de medicina en la facultad de Zaragoza. Durante uno de sus periodos vacacionales, junto a otro compañero, organizó alguna excursión por las vaguadas del mismo Castro buscando huesos humanos, preciadísimo material de estudio para los futuros galenos; y vaya si los encontraban. Llenando las calaveras con habas secas a través del orificio basilar y echándoles agua lograban separar los distintos huesos que conforman la bóveda craneal, consiguiendo un despiece perfecto; luego se repartían el valioso y didáctico botín.
En la que yo recuerdo mi primera salida a la sierra de Espadán en compañía de algunos amigos, allá por el año 68, unos obreros estaban abriendo o reparando una pista; al pasar por allí, mientras le daban al pico y la pala, cerca de ellos, los chavales nos quedamos mirando los restos de una cabeza humana que los trabajadores habían encontrado en un talud; uno de los operarios nos dijo:
-Si os gusta os la podéis quedar.
Por supuesto que nos la quedamos, pero una vez en casa, cuando mi padre la descubrió días después, nos hizo quemar las “reliquias” de aquel semejante tras advertirnos de lo sacrílego de nuestra acción.
Bastante más tarde, creo que en el verano de 1980, sucedió el gran incendio de Espadán, en el que prácticamente ardió toda la sierra. Las brigadas forestales y el propio ejército que había acudido a colaborar en la extinción no podían acercarse a los fuegos, pues en ellos toda suerte de proyectiles de todos los calibres hacían explosión con el calor de los incendios.
Los relatos y los diarios personales que nos han legado cuantos lucharon en lo alto de Espadán durante aquellas sangrientas jornadas están repletos de detalles de horror que hoy al contemplar su belleza y esplendor se nos hacen inimaginables.
Los requetés de Valiño murieron a decenas intentando conquistar los famosos “Dos Tetones”, dos montículos gemelos a los pies de Rápita, testigos mudos de una tragedia cuyos vestigios sólo el paso del tiempo y la misma vegetación han conseguido borrar. El espectáculo de las reatas de mulos descendiendo por los caminos cargados de muertos debía de ser demoledor para los soldados que ahora se encaminaban a afrontar el combate hacia la primera línea.
En Tales, un proyectil republicano fue a caer sobre una caballería cargada de granadas de mano alrededor del cual se encontraba la tropa, el resultado de la tremenda explosión fue una visión espeluznante de cuerpos desmembrados. Pero los defensores rojos no lo estaban pasando mejor. Durante el bochorno estival las moscas y los insectos, excitados con el calor y con los cuerpos putrefactos, atormentaban a los soldados.
En las trincheras las carencias se manifestaban en los equipos, la indumentaria y la alimentación, muchos combatientes calzaban alpargatas completamente raídas y andaban prácticamente descalzos, la mugre de semanas se acumulaba sobre unos uniformes acartonados, los piojos proliferaban en sus costuras, la sed y el hambre desesperaban, todos los días había alguna deserción. Hacia el final de la guerra menudearon los casos de confraternización y desde las alturas de Castro los famélicos republicanos atendían a las reiteradas invitaciones de los soldados nacionales, que de aquel modo intentaban socavar su moral; descolgándose en grupos hasta tierra de nadie comprobaban las excelencias de sus raciones, las cuales devoraban con una voracidad difícil de disimular.
Hasta el final de la guerra se mantuvieron inamovibles las posiciones. El 28 de marzo de 1939, cuatro días antes del final de la guerra, los defensores comenzaron a abandonar las trincheras en grupos, nadie hacía nada por impedirlo. Los oficiales se arrancaban las divisas y emprendían la incierta huída. Algunos regresaban a sus hogares, otros se apresuraban a encontrar algún medio que les condujera hacia el exilio. Mi abuelo, a la sazón padre de familia y reclutado por la República con las quintas de los llamamientos más maduros, acompañaba a un comisario que le decía:
-¡Palasí, acompáñeme hasta Valencia que allí nos espera un barco!
Temeroso de cualquier reacción violenta mi abuelo hizo lo que le pedía. Conforme descendían de la sierra iba quedándose atrás, cada vez más y más rezagado, hasta que llegado un punto en el que ya mediaba cierta distancia de seguridad le gritó:
-¡Adiós, me voy a mi casa!
Para los que lograron sobrevivir, aquella tragedia había terminado. Ahora empezaba otra.
Ambas tragedias siguen doliendo a muchos, y aunque sólo fuera por respeto a quienes las padecieron, las nuevas generaciones no debieran olvidarlas.
JUAN FCO. FUERTES PALASÍ