Las Cuevas de Vinromá es un
pintoresco pueblo de la comarca del Maestrazgo. Se trata de un puñado de casas
apretujadas a los pies de una pequeña iglesia situada en un pequeño montículo a
orillas del río San Miguel, en la llanura formada por las cordilleras
montañosas de las Atalayas de Alcalá y de la Sierra Engarcerán. Separado 40 kilómetros
de la capital de La Plana, su población es de cerca de 2000 personas, dedicándose
la mayoría a la agricultura y la ganadería. Cuesta imaginar que estas estrechas
calles, donde hoy en día se respira sosiego y relajación, hace 75 años se vieran
envueltas en los convulsos años de nuestra Guerra Civil, concretamente en una
serie de acontecimientos militares que llenarían sus calles de muerte y de destrucción,
obligando a la mayoría de sus vecinos a abandonar la población.
Paseando hoy día por sus calles,
apenas quedan vestigios de aquellos días de lucha fraticida: algunos viejos
piquetes de alambrada oxidados en el muro de un huerto o una olvidada bayoneta,
clavada en una pared a modo de estaca, para sujetar cualquier pertenencia
inservible. Su cometido: el de desgarrar la carne del enemigo; pero, como
nuestra memoria, aquel se ha ido perdiendo con el paso de los años. Sin embargo,
basta con que ascendamos en un pequeño paseo por el alto de la Morería, al
Bovalar o a las últimas estribaciones de las Atalayas para poder observar los
restos de las trincheras excavadas por los dos contendientes: kilómetros y
kilómetros de zanjas y parapetos que, como profundas cicatrices, recorren los
campos de nuestros pueblos y aunque el tiempo poco a poco las va haciendo
desaparecer, no las deberíamos olvidar para recordar qué llevó al pueblo
español a tan insensata lucha.
La cota 300 es una pequeña loma
situada al nordeste de Cuevas de Vinromá desde la cual se domina todo el pueblo
y la llanura que lo rodea; conocida coloquialmente como “Los Colls de Plaga”, a
sus pies discurre el río San Miguel, el cual se va cerrando en gargantas y estrechos
pasos creando un foso natural hasta su desembocadura en el mar, a la altura de
Cap i Corp. Militarmente resulta un punto muy estratégico -tanto para la
defensa como para la conquista de la población que domina-, por lo que es lógico
pensar que ambos contendientes se aferraran a él en una lucha encarnizada. Una
tierra baldía, solo apta para el ganado y para algunos pequeños bancales de
algarrobos, que costó la vida de demasiados jóvenes españoles. Su historia,
como la de cientos de montes de nuestra geografía, pasa sin pena ni gloria por
nuestra memoria, tan solo alterada por pequeños recuerdos contados por nuestros
abuelos. Aquellas “batallitas” libradas en nuestros montes, rememoradas cientos
de veces en las interminables tertulias familiares de nuestra infancia; aquellos
combates entre rojos y azules, en una guerra que se nos antoja lejana e inútil.
En la actualidad, la cota 300 ha
sido devastada por un pequeño incendio forestal que ha dejado visible sus
cicatrices, de modo que setenta y cinco años después nos desvela sus secretos. Paseando
por esta tierra calcinada, vemos los restos de las trincheras, los cráteres de
los obuses, restos de latas, metralla, fragmentos de alambre de espino y balas.
Las huellas de la guerra siguen vigentes en esta colina como mudos testigos de
los duros enfrentamientos que sostuvieron allí los anónimos protagonistas de
las “batallitas” de nuestros abuelos. Se hace difícil imaginar que entre estos
surcos de tierra y estos montones de piedras se apretujasen decenas de hombres,
temerosos de sus vidas, esperando que terminaran las explosiones de los obuses
para enfrentarse cara a cara con el rostro de la guerra. Conozcamos, pues, a
sus protagonistas a través de los restos de la batalla.
Restos de vainas de
cartuchos soviéticos de 7,62 mm, pertenecientes probablemente a las tropas
republicanas.
Restos de un proyectil
de 105 mm lanzado por las tropas nacionales contra las republicanas. Como se puede observar, los
restos de los combates siguen presentes setenta y cinco años después.
LOS PROTAGONISTAS.
El 15 de abril de 1938 las tropas
franquistas alcanzaban el Mar Mediterráneo a la altura de Vinaroz-Benicarló,
cortando en dos el territorio republicano. Concluía así una de las operaciones
militares más bien planeadas y ejecutadas del ejército rebelde: la llamada
Ofensiva de Aragón había llegado a su fin. El alto mando franquista estaba
exultante, dos años después del 18 de julio de 1936: aunque no había alcanzado
la conquista de Madrid, sus tropas habían llegado al Mediterráneo, consiguiendo
así cortar las comunicaciones de la República con Cataluña, de manera que todo
hacía preveer que la guerra se acercaba a su fin.
La República no pasaba por uno de
sus mejores momentos: el Ejército de Maniobra, al mando del coronel Leopoldo Menéndez,
había sido completamente deshecho. Tras la pérdida de Vinaroz, una parte de sus
unidades se había disgregado hacia Cataluña, mientras otras se aferraban en
taponar el avance por la costa hacia Castellón. Todo hacia preveer que, de un
momento a otro, el ejército franquista se lanzaría en tropel hacia la conquista
de Valencia. La República, como ave Fénix que renace de sus cenizas, en un
autentico prodigio de organización moviliza las últimas quintas, entre ellas la
de 1941, llamada coloquialmente “del Biberón”; jóvenes de 17 años sin
instrucción militar que serán arrojados como carne de cañón ante la vorágine de
la guerra. Junto a ellos será movilizada también la “Quinta del Sac”: hombres
de más de 40 años, con los ojos más puestos en su familia que en parar los
fuertes ataques enemigos. Así, jóvenes imberbes y hombres mayores se mezclarán
con tropas curtidas en centenares de batallas para crear una resistencia
numantina; su meta: impedir a toda costa el avance hacia Valencia. Bajo el lema
del Doctor Negrín -presidente del gobierno- “Resistir es Vencer”, se crearán
dos líneas de resistencia para impedir el avance hacia Castellón: una primera
formada por las localidades de Ares-Catí-Salsadella-Peñíscola y otra formada
por las localidades Ares-Albocácer-Cuevas de Vinromá-Alcalá de
Xivert-Alcocéber. Para ello se movilizará a quince batallones de ingenieros y a
todo el personal civil disponible. La prensa castellonense, bajo el lema “Gotas
de sudor para evitar ríos de sangre”, incita a la población civil a fortificar
de manera frenética.
Frente al Ejército de Maniobra
republicano se encontraba El Ejército de Galicia, compuesto por las divisiones
franquistas 4ª, 55ª, 83ª y 84ª al mando del General Aranda. Las órdenes del ejército
rebelde son las de avanzar tan pronto se pueda por los ejes de las carreteras
que desde Vinaroz y San Mateo se dirigen hacia Castellón; para ello lanzarán a
las aguerridas Divisiones de infantería 4ª y 83 contra la primera línea
defensiva republicana. El ejército franquista se encuentra con una excelente
moral y perfectamente pertrechado, apoyado por una gran masa artillera y
protegido por un grupo de carros de combate, además de disponer de la aviación
de la Legión Cóndor, la cual se está desplazando desde su base en Zaragoza a su
nueva ubicación en la población de La Sénia, para desde allí poder apoyar con
más eficacia el avance de las tropas franquistas hacia la capital de La Plana: la
Ofensiva sobre Valencia es inminente.
En resumen, ante un disciplinado
ejército que venía avanzando imparable, confiado en la victoria, presentando
una unidad en sus objetivos, convencido en la sagrada misión de su cruzada y
bien pertrechado y auxiliado desde la retaguardia, se enfrentaba otro que se batía
en perenne retirada, mal equipado y peor abastecido, procedente en gran parte
de la recluta forzosa de adolescentes y padres de familia, portadores todos
ellos de una tibia moral que solo el miedo a las represalias era capaz de
movilizar, formado en una minoría por idealistas que aun creían en la victoria,
soldados en suma que a sus espaldas no contaban más que con una población
hambrienta, castigada por la guerra y con el íntimo deseo de que aquel mal
sueño terminase pronto.
Y sin embargo, todavía se enzarzó en una
lucha de resistencia que obligó al alto mando franquista a replantearse toda la
Batalla de Levante.
LA BATALLA DE LEVANTE.
El 18 de abril de 1938, tras apenas
tres días de descanso y sin preparación artillera, la 4ª División de Navarra se lanza contra las
posiciones republicanas de la Sierra de Irta. Su objetivo -despejar la carretera
nacional 340 y conquistar Peñíscola- se salda con un auténtico fracaso, pues es
atacada por la aviación republicana
y por fuerzas de la 107 Brigada Mixta republicana.
Esta reacción ofensiva por parte del ejército republicano desconcierta
momentáneamente a las tropas franquistas, que pensaban que el avance hacia la
capital de La Plana sería relativamente fácil. Por el interior, la 83 División
Nacional apoyada por tres trimotores Junkers J-52 y 17 cazas, conquista la
población de Tírig y avanza hacia Salsadella.
La guerra, inexorablemente, se acerca hacia Cuevas de Vinromá.
Tras duros enfrentamientos, el día
19 las tropas franquistas conquistarán Peñíscola y Santa Magdalena de Pulpis,
pero la dura orografía de la Sierra de Irta y la tenacidad del ejército
republicano ralentizan su avance. La llegada de unidades nuevas -como la 211
brigada de Carabineros, que se atrinchera en el castillo de Xivert- y la
presencia de un tren Blindado, convierten el avance franquista por la carretera
de la costa en un hueso muy duro de roer, por lo que se le ordena a la 83 división
franquista que ataque por la carretera que desde San Mateo se dirige hacia Castellón.
Ésta conquistará Salsadella el día 20, pero será detenida en el monte Encanes
por fuerzas de la 79 Brigada Mixta. El tercer batallón de esta brigada será el
encargado de defender esta posición situada dos kilómetros al sur de Salsadella.
COMBATES EN LOS “PEÑASCALES”.
El día 20 de abril, tropas republicanas
de la 79 Brigada Mixta llegan al monte Encanes procedentes de su progresiva
retirada del sector de Tírig. Su misión es constituir un centro de resistencia
en esta importante cota que impida el avance franquista en dirección a Cuevas
de Vinromá. Para ello, posicionará a su tercer batallón en vanguardia, ocupando
las principales alturas; el primer batallón protegerá el flanco izquierdo y el
segundo el derecho, quedando el cuarto de reserva. El monte Encanes pasará a
formar parte del dispositivo de defensa republicano bajo el nombre de posición
“Peñascales”.
A las 15:30 horas de ese día
aparecen por la posición Peñascales numerosos soldados republicanos
pertenecientes a la 52 Brigada Mixta, quienes se retiran desordenadamente de
sus posiciones en la ermita de San José. Estas fuerzas son agregadas en un
primer momento al tercer batallón, pero el mando republicano de la XIX División
ordena su repliegue hacia retaguardia. Sobre las seis de la tarde, las tropas
franquistas de la 83 División entran en contacto con las tropas republicanas en
el vértice Encanes, entablándose un pequeño combate.
Al finalizar el día las tropas franquistas han sido detenidas en el alto del
monte, pero han logrado conquistar la localidad de Salsadella y el vértice Pla.
Durante el día 21, las tropas
republicanas de los Peñascales sufren un fuerte bombardeo a cargo de la artillería
franquista pero, aun así, los ataques de la infantería son rechazados. No
ocurre lo mismo en el monte la Solana, el cual es conquistado por estas fuerzas
al finalizar la tarde. Las tropas republicanas del Encanes han perdido contacto
con su flanco derecho y, aunque en su parte de guerra aseguran que han causado
al enemigo unas doscientas bajas, las tropas franquistas sólo anotarán en su
diario la pérdida de 10 soldados muertos y 78 heridos, los cuales serán
trasladados al puesto de socorro instalado en Salsadella.
El día 22 se vuelve a intentar
conquistar el vértice Encanes. Durante toda la mañana cientos de proyectiles
estallan en las posiciones republicanas, a la vez que la infantería franquista
intenta avanzar por entre las vaguadas y peñascales protegida por los disparos
de sus ametralladoras. Su avance, una vez más, es detenido por las tropas
republicanas. Pero, por la tarde, un batallón de tropas moras (Mehala de
Gomara) efectúa una maniobra de envolvimiento por la parte izquierda del vértice
Encanes con la intención de atacar por la retaguardia a las tropas republicanas.
Éstas, para no verse cogidas entre dos fuegos, se retiran hacia las nuevas
posiciones de Pedra Seca y el Corral de la Palmavera (meseta cota 600).
Al anochecer, fuerzas de la 74 y 79 Brigadas Mixtas intentarán apoderarse del vértice
Solana, pero tras tres furiosos ataques no lo conseguirán.
El parte de guerra de la 79 B.M.
ensalzará la labor organizativa y valentía de los chóferes de la ambulancia número
3 asignada a la 74 B.M. en su arrojo por trasladar a los heridos hasta el
hospital de Cabanes.
El avance de las tropas nacionales
por la costa continúa siendo más dificultoso de lo esperado y, aunque el día 22
se conquista el castillo de Xivert y el día 23 su población, los días 24, 25 y
26 sufren fuertes ataques de las tropas republicanas, que intentan recuperar el
terreno perdido. Prueba de la dureza de estos combates son las dos medallas
militares que las tropas franquistas concederán a sus tropas.
La presencia en el mar de los cañoneros Canalejas y Cánovas y del minador
Vulcano facilita la conquista de la Sierra de Irta por las tropas nacionales,
aunque la población de Alcocéber quedará, de hecho, en tierra de nadie.
Tras los combates en el vértice
Encanes, la 83 división nacional ha podido avanzar hasta la cota 600 (masía les
Vaqueres). Su avance es lento y sus tropas se ven obligadas a ser
constantemente apoyadas por la aviación y la artillería, pero durante los días
26 y 27 sufre fuertes contraataques a cargo de la 209 Brigada Mixta.
LOS COMBATES EN LA COTA 600.
Después de los combates del vértice
Encanes, Pedra Seca y el Corral de la Palmavera, las tropas republicanas de la
79 Brigada Mixta son relevadas por fuerzas de la 209 Brigada Mixta, que han
llegado recientemente a este frente y se halla completa de efectivos. Su misión
es contraatacar a las tropas franquistas apostadas en la meseta de cota 600
(Les Vaqueres). Esta posición fue conquistada el día 25 por tropas franquistas
pertenecientes al 13º Batallón de Zamora y a la 3ª Bandera de Falange de
Asturias.
El día 26, a las 12 horas, tropas
republicanas pertenecientes a la 209 B.M. avanzan por el terreno cortado en
bancales y sorprenden a las tropas franquistas del 13º batallón de Zamora, enzarzándose
en un furioso combate cuerpo a cuerpo. Los republicanos conquistan algunas
posiciones pero no toda la meseta. Sobre las tres de la tarde se vuelven a
lanzar contra las posiciones franquistas pero éstas, protegidas por la aviación
y la artillería, desbaratan los ataques republicanos. Por la noche, las tropas
de la 209 B.M. vuelven a atacar, pero con idénticos resultados.
A primeras horas del día 27, las
tropas republicanas vuelven a contraatacar las posiciones franquistas, que se
ven en la necesidad de ser apoyadas por dos compañías del 2º Batallón de Zamora,
pues están a punto de ser desbordadas. A las 14 horas las tropas republicanas
apoyadas por artillería vuelven a atacar, pero la artillería franquista frustra
de nuevo el ataque. Una hora después se vuelve a contraatacar, pero el fuego de
barrera de la artillería franquista impide cualquier intento de penetración, de
modo que al final de la tarde las tropas republicanas se retiran y se
establecen defensivamente a trescientos metros de las trincheras rebeldes.
Entre los días 28 de abril y 4 de
mayo de 1938 se paralizan los combates debido tanto al fuerte temporal de
lluvias que azota la zona como al agotamiento físico de los combatientes. El
ejército republicano endurecerá las medidas disciplinarias, pues ha sufrido un
gran número de deserciones en los últimos combates. Durante estos días, las
tropas republicanas se dedicarán a la fortificación de sus posiciones. Así,
fuerzas de la 209 B.M. se atrincherarán en las Vaqueras y fuerzas
pertenecientes al 2º batallón de la 79 B.M. lo hará en las vaguadas -a la
derecha de esta posición, hasta el Mas del Tirijà.
La población de Cuevas de Vinromá es
un hervidero de tropas y, por lo tanto, se convierte en objetivo de la artillería
franquista, que la somete a bombardeos continuos durante estos días.
La población civil es obligada a evacuar el pueblo, dirigiéndose la mayoría de
sus habitantes hacia las poblaciones de Benlloch, Vall d´Alba y Castellón. Las
fuerzas del cuarto batallón de carros de combate, compuesto por cuatro tanques
T-26 de fabricación soviética y cinco vehículos blindados armados con
ametralladoras, serán los encargados de proteger la carretera hacia Castellón.
El surtidor de gasolina de Cuevas de Vinromá será incautado por las tropas
republicanas para aprovisionar sus vehículos.
La noche del 3 de mayo, dos soldados
asturianos desertan de las filas nacionales y advierten a las tropas
republicanas de la 209 B.M. de un inminente ataque a sus posiciones.
Rápidamente se distribuye entre las fuerzas republicanas doble dotación de
cartuchos y de bombas mano.
La guerra está a solo cinco kilómetros de Cuevas de Vinromá.
Durante estos días de caótico frenesí se
producirá en Cuevas de Vinromá un hecho dramático: el asesinato de tres civiles
-Rosa Sancho Nos, de 72 años; Francisco Ferrando Ciurana, de 37 y Miguel Pastor
Vall, de 60- a manos, presuntamente, de soldados pertenecientes a la 209 B.M. A
los dos últimos se les desvalijó la casa y después se les disparó a la cabeza.
Desconocemos los motivos que llevaron a este luctuoso suceso. Asimismo, también
se procedió a la ejecución de varios soldados republicanos acusados de
fascistas o desertores, la mayoría de ellos reclutas de reciente incorporación;
éstos fueron ejecutados en el puesto de mando de la brigada, ubicado en una
cueva a dos kilómetros al sur de Cuevas de Vinromá.
Dos vistas del puesto de mando de la 209 Brigada Mixta, en Cuevas de Vinromá,
donde presuntamente fueron ejecutados varios soldados republicanos. En el argot
militar este puesto se conocía como “la picadora de carne”.
LOS COMBATES DE LA COTA 300.
El 4 de mayo de 1938, las tropas
franquistas reciben la orden de avanzar en todo el frente del Maestrazgo hasta
alcanzar, en toda su línea, el foso del río San Miguel. Al amanecer de este día
toda la artillería de la 83 División y de la 4ª División bombardea durante dos
horas la totalidad de las posiciones republicanas. Proyectiles de todos los
calibres se estrellan contra las precarias defensas republicanas. Sobre las
nueve de la mañana, 34 Heinkel 111 de la Legión Cóndor bombardean la carretera
de Castellón con 50 toneladas de bombas.
La defensa antiaérea republicana compuesta por dos baterías de cañones rusos de
76,2 mm y varios cañones Oerlikon de 20 mm no consiguen derribar ningún
aparato. Tras la preparación artillera, la infantería franquista se lanza a ocupar
las trincheras enemigas; en un primer momento, éstas resisten, pero al
atardecer empiezan a ceder terreno. Poco a poco, las defensas republicanas van
cediendo ante el empuje franquista que utiliza su artillería pesada para
reducir los focos de resistencia. Las tropas de la 209 B.M. se ven desbordadas
por los flancos y no les queda otra opción que retirarse progresivamente hasta
la siguiente línea de defensa. Solo el vértice Calapí resiste los ataques
franquistas. Allí, las tropas de la 107 B.M. soportan el empuje de la 4ª de
Navarra, pero el resto del frente -desde Cuevas hasta el mar- ha cedido. En los
montes de Murs la resistencia republicana ha sid
o muy fuerte, pero al final
también es desbordada.
El día cinco amanece lluvioso, pero
las tropas franquistas deben de proseguir su avance pues, si dan un minuto de
tregua al enemigo, éste volverá a fortificarse. Toda la artillería disponible
bombardea el monte Calapí o vértice Caballo; esta vez las tropas republicanas
son atacadas de frente por la 4ª de Navarra y por el flanco izquierdo por
tropas de la 83 División. Los republicanos se retiran, pero se combate
fuertemente en el sector de la Basseta d’Animetes. Sobre la 9 de la noche el 1º
batallón de Zamora y dos compañías del batallón Mehala-la Gomara se infiltran
entre las tropas republicanas, cortando la carretera Alcalá de Xivert - Cuevas
de Vinromá y ocupando la cota 300. Durante la noche, un fuerte contraataque
republicano impide la total ocupación de esta importante cota por parte de las
tropas franquistas.
Durante el día seis, las tropas rebeldes
ocupan en toda su extensión el foso del río San Miguel, con la excepción de una
pequeña loma al Este de la localidad de Cuevas de Vinromá, que pasará a los
anales de la historia militar como la Cota 300. Todo el ejército republicano -salvo
el cuarto batallón de la 79 B.M.- se encuentra parapetado en las excelentes
defensas del río San Miguel; éstas han sido construidas por batallones de
fortificación y personal civil mientras se estaba combatiendo en las Vaqueras,
en Murs, en Irta, y ahora tras ellas se lame sus heridas y se presta a una
defensa a ultranza para impedir el avance franquista hacia Valencia. La llegada
al foso del río San Miguel ha costado más de 200 bajas, entre muertos y heridos,
al Ejército Franquista en sólo tres días de combate. Por su parte, el Ejército
republicano ha registrado en este mismo período de tiempo más de 150
prisioneros y un número considerable de muertos y heridos, pero ahora se
encuentra en una posición defensiva muy fuerte y se obstinará en la conquista
de la cota 300 para impedir la caída en manos franquistas de la población de
Cuevas de Vinromá, pues sabe que mientras disponga de tropas en esa cota la
conquista de la población es imposible.
El goteo de prisioneros y evadidos
del ejército republicano es constante en estos días. Así, por ejemplo, una
sección de cinco hombres de la sección de transmisiones de la 6 División, con
el pretexto de recoger el cable de comunicación con la 107 BM, se esconden en
una alcantarilla de la carretera Alcalá-Cuevas y al anochecer se entregarán a
las tropas nacionales del 2º Batallón de Argel que ocupan la cota 300. Tambien se
pasa a las fuerzas franquistas el sargento de sanidad de la 107 B.M. Antonio
Villaplana López, el cual informa que dicha brigada solo dispone de una
ambulancia con cuatro camillas y que ha tenido unas 300 bajas en siete días de
operaciones. Para evitar estas continuas deserciones, el ejército republicano
endurece constantemente las medidas disciplinarias procediendo al fusilamiento
a la más mínima indisciplina. Un detalle de la misma nos viene referido en un
escrito del comisariado de la 79 B.M. en el cual denuncia a la superioridad que:
dos soldados y un cabo del cuarto
batallón sin la debida autorización abandonaron sus parapetos y entablaron
conversación con el enemigo pudiéndole facilitar de este modo cierta información
que afecte a nuestra victoria final. A raíz de lo anterior, exige el relevo
inmediato de la compañía que ocupa la posición contigua al enemigo y que estaba
presente en dicha parlamentación, la degradación del comisario político de
dicha compañía y el fusilamiento del cabo Librado Carrillo Chica como autor del
delito de alta traición.
Ignoramos si se cumplió la orden de fusilamiento. Asimismo, el parte de
comisariado del cuarto batallón de la 79 B.M. informa sobre la detención de dos
soldados heridos por autodisparo y otro por haberle encontrado 12.350 pesetas,
que dice haberlas encontrado en una masía y sin embargo no las había entregado.
Tal vez estos soldados fueron los que acabaron ejecutados en el puesto de mando
de la 209 B.M.
Durante los días 6 al 10 de mayo el
frente permanece tranquilo, solo alterado por los continuos bombardeos de
artillería, dedicados a hostigar los trabajos de fortificación de ambos
contendientes. Las tropas de zapadores franquistas instalan alambradas
portátiles, a modo de caballos de Frisia, delante de sus trincheras y en una
extensión de ciento cincuenta metros. Asimismo, las tropas republicanas
localizan la construcción de dos puestos de fusiles ametralladores en los
flancos de las posiciones de la cota 300.
A las 6 de la madrugada del 11 de
mayo empieza una fuerte preparación artillera sobre las posiciones franquistas
de la cota 300. Las tropas de la 3ª Bandera de Falange de Asturias y la 3ª
Bandera de Falange de Galicia empiezan a recibir cañonazos procedentes de las
baterías republicanas de 76.2 mm y 105 mm instaladas en las cercanías de
Villanueva de Alcolea. Al mismo tiempo varios carros de combate T-26 y
vehículos blindados pertenecientes al 4º Batallón de carros de combate cruzan la
población de Cuevas de Vinromá y ataca por el flanco derecho a las tropas
franquistas. Inmediatamente después, sobre las ocho de la mañana la infantería
republicana se lanza al asalto: las tropas del cuarto batallón de la 79 B.M.
avanzan rápidamente y llegan hasta las alambradas enemigas, entablándose una
feroz lucha en la que las granadas de mano estallan por doquier. La artillería
franquista responde al ataque y comienza a bombardear a las tropas republicanas
con artillería de 75 mm, 105 mm y 65 mm ubicadas en la vaguada al oeste del
vértice Caballo, cerca de la masía del Paresant. A pesar de esta fuerte presión
artillera, las tropas republicanas poco a poco se apoderan de las primeras
trincheras nacionales y, a pesar de sufrir fuertes pérdidas, no cesan en su
empeño de ocupar toda la posición enemiga.
Sobre las 13:30 horas, dieciséis
aparatos republicanos ametrallan las posiciones nacionales,
lo que favorece que la infantería republicana conquiste nuevas trincheras
franquistas en la cota 300, capturando dos fusiles ametralladores Fiat y varios
mosquetones, así como a un soldado herido en la espalda.
Alrededor de esta hora, la artillería franquista concentra sus fuegos sobre la
unidad de tanques que intenta avanzar por la carretera Alcalá-Cuevas,
obligándolos a retroceder. Sobre las 17:30 horas, las fuerzas franquistas de
las banderas de Falange apoyadas por el batallón de infantería de Argel
intentan reconquistar las posiciones perdidas. Apoyados por la artillería las
tropas franquistas contraatacan fuertemente a las ya menguadas fuerzas
republicanas que, aunque se han instalado en las trincheras enemigas, son definitivamente
desalojadas de ellas, retirándose a sus posiciones de partida.
Recordatorio de un falangista muerto en la cota 300. Demasiada sangre
derramada por un pedazo de tierra que los dos bandos se obstinaron en mantener.
Al oscurecer, las tropas de la 3ª
Bandera de falange de Asturias
y de Galicia son
relevadas por el Regimiento de Infantería de Argel nº 27; sus bajas se acercan
al 50 por ciento de sus efectivos: 30 muertos y 137 heridos. En consecuencia,
el mando franquista ordena su relevo. Las banderas reciben como recompensa la
Medalla Militar Colectiva (Orden de concesión de 13 de marzo de 1939 B. O.
numero 79).
Fernando Martínez Grana en su obra “Estelas
de José Antonio. La tercera Bandera de Asturias” relata así los hechos:
Han caído hechos trizas, pero no capitularon, y es que no podían ser de
bronce, pero tampoco fueron de cera. Alguien empleó el símil de que eran como
el vidrio. Exactamente. Se despedazaron mil veces sin esperanza de
reconstrucción de vida, pero jamás se rindieron, ni entregaron, ni consintieron
pactos; jamás se doblan.
Corría la noche del 10 de mayo, sobre la también llamada “loma Verde”
una selva de fusiles y bayonetas, envueltas en una oscuridad profunda…
Continuamente reventaban nuestras trincheras, volaban sus elementales
reductos…
Lucha horrible cuerpo a cuerpo. Todo el sector arde en explosiones. La
cota 300, centinela celoso que eleva la punta de su bayoneta al cielo, queda
materialmente teñida de rojo por la sangre derramada…
No se lucha simplemente contra una masa superior en número, sino contra
todos los elementos de guerra más destructivos y modernos, inútilmente
empleados. Veintitantos aviones en vuelo incesante vomitando explosiones que
revientan a nuestra “Loma Verde” en surtidores gigantescos de metralla y carne
quemada…
La cota 300 se mantuvo durante todo el tiempo envuelta en penachos de
humo y nubes de polvo…
Son los falangistas valerosos de la 3ª Bandera de Asturias con su
centuria de Pravia y con ellos otros camisas azules de Galicia, curtidos por la
lucha del Escamplero y San Claudio…
Restos de una granada de mano que no llego a estallar, prueba inequívoca
de la dureza de los combates. Fotografía del autor.
Plan de fuegos de la artillería franquista para batir la cota 300. Se
pueden identificar una batería de 105/22, dos baterías de 65/17, una batería de 75 mm y una batería de obuses
del 105/11 -las tres primeras en la vaguada al oeste del vértice Caballo, cerca
de la masía del Paresant, y las dos restantes en la carretera Salsadella-Cuevas,
a la altura del empalme con la carretera de Tírig.
Los republicanos, según fuentes
franquistas, dejan en el campo de batalla más de doscientos cadáveres y abundante
material. Numerosos cadáveres de soldados republicanos que no han podido ser
evacuados se quedarán entre las vaguadas descomponiéndose; sólo al final de los
combates, cuando la gente de Cuevas de Vinromá vuelva a sus hogares, personal
civil anónimo dará sepultura en las mismas trincheras a los restos que aún queden.
Dos imágenes de las posiciones republicanas en la cota 300 vistas desde
las primeras trincheras de las posiciones nacionales. La fotografía superior nos
muestra el flanco izquierdo; éste estaba batido por las ametralladoras del
batallón de Zamora y el avance de la infantería resultaba imposible. La
fotografía inferior nos muestra el flanco derecho de la cota, por donde asaltó
la infantería republicana las trincheras nacionales, cubriendo su avance por
las barrancadas que desciende hacia Cuevas de Vinromá. Fotografías: Ángel Monreal.


Dos fotografías de las trincheras nacionales de la cota 300. Estas
fueron las primeras defensas que conquistaron los republicanos, y que luego
tuvieron que abandonar ante el contraataque del Regimiento de Argel. Delante de
las trincheras se encontraba la alambrada; en un primer momento se trataba de
una simple empalizada de alambre de espino, pero al final de los combates llegó
a tener hasta tres líneas de piquetes. Los numerosos restos hallados de
metralla y de pedazos de granadas de mano atestiguan la tremenda dureza de la
batalla.
Fotografías: Ángel Monreal.
Durante los días 12, 13 y 14, la situación
en la cota 300 es de tranquilidad relativa, dedicándose los soldados de ambos
bandos a perfeccionar sus defensas y reabastecerse de munición. Aun así, todos
los días se produce algún que otro bombardeo de artillería y disparos de
mortero contra la cota 300 y la localidad de Cuevas de Vinromá, la cual se
encuentra abandonada por la población civil, y por la que sólo circulan algunos
soldados encargados de proteger el movimiento de los tanques republicanos.
Según informes franquistas sobre declaraciones de prisioneros republicanos, la
población se halla saqueada y abandonada.
Un informe de la 79 B.M. emitirá
sobre las defensas franquistas: Se
aprecian alambradas de un metro de altura y tres de fondo, constando dicha
alambrada de tres líneas entrecruzadas. Una trinchera con muro de piedra y
encima sacos terreros hasta cubrir casi la altura del tirador.
La 4ª División de Navarra pasa entonces
a trasladarse al sector de Catí, mientras que la 83 División se encargará de
proteger defensivamente todo el sector que va desde Cuevas de Vinromá hasta el
mar.
El 15 de mayo vuelve a ser un día
sangriento en la cota 300: a las 6 horas
empieza una fuerte preparación artillera sobre las posiciones nacionales.
Al mismo tiempo, el 4º batallón de carros de combate y tropas de infantería
intentan avanzar por la carretera Cuevas-Alcalá para envolver el flanco derecho
de la cota 300. También es bombardeado con artillería el flanco izquierdo de la
cota 300, protegido por el 13 batallón de Zamora, el cual empieza a sufrir
bajas. Esta vez es el 2º batallón de la 79 B.M. el que se tiene que lanzar al
asalto de las trincheras enemigas de la cota 300, denominada por los
republicanos “El Atajo”. Por dos veces las tropas republicanas llegan a poner
pie en las trincheras defendidas por los franquistas, quienes se ven en la
necesidad de ser reforzados con los restos de la 3ª Bandera de Falange de
Galicia. Sobre el mediodía se combate cuerpo a cuerpo en el interior de la
posición, pero la irrupción de los aviones de la Legión Cóndor en servicio de
ataque en cadena desbarata todo intento de penetración republicana. Las tropas
de la 79 B.M., ante el ataque de la aviación y la lluvia incesante de
proyectiles de mortero, se retiran a sus posiciones de partida, dejando en el
campo de batalla -según fuentes franquistas- 68 cadáveres y numerosos heridos.
Por su parte los nacionales deben
lamentar la pérdida de 11 muertos y 107 heridos, entre ellos un capitán y un
alférez del batallón de Argel, resultando también herido de consideración el
capellán castrense de la 3ª Bandera de Galicia José Fernández Parada, al cual
concederán la medalla militar (orden de concesión 21 de mayo de 1938 D.O. número
580) por animar a sus hombres y a los del Batallón de Argel a pesar de las
heridas recibidas.
La dureza de los combates empieza a
hacer mella en los combatientes; así, el 16 de mayo tres soldados
pertenecientes al 2º batallón, 314, de la 79 B.M. desertan y se pasan a las
fuerzas franquistas por el sector de Cuevas de Vinromá.
Por su parte, las tropas franquistas también anotan en el parte de operaciones
relativo al día 17 la presencia de un desertor en sus filas: el cabo Manuel
Fernández Rodríguez, perteneciente a la tercera bandera de Asturias.
Antonio Blanquer Miralles, natural de Alcoy. El 15 de agosto de 1937 se
incorporó al Ejército Popular de la República, partiendo desde Alicante a Jaén
el 10 de septiembre de 1937. El 18 de abril de 1938 es trasladado a Castellón,
para frenar el avance franquista hacia la capital de la Plana. El 15 de mayo
fallece en el ataque efectuado en la cota 300 al frente de un pelotón de
soldados del que era cabo. En el momento de su muerte estaba encuadrado en la
4ª compañía del 2º Batallón, 314, de la 79 Brigada Mixta. Su cuerpo nunca fue
recuperado.
Fotografía facilitada por Ana Gisbert de Elio. Sobrina-nieta.
En la madrugada del día 18 de mayo,
fuerzas de la 79 B.M. intentan un golpe de mano sobre las posiciones nacionales
de la cota 300. Sobre las 2 horas, y observando que hay movimiento en las
trincheras enemigas, una compañía republicana ataca la posición enemiga con
bombas de mano; su misión: la de capturar prisioneros para obtener información
sobre las actividades enemigas. Las tropas franquistas que se encuentran
trabajando en las defensas de primera línea se defienden con granadas de mano,
y la artillería y morteros nacionales bombardean intensamente tanto la
población de Cuevas de Vinromá como las vaguadas del río San Miguel.
El parte de operaciones de la 79
B.M. emitirá: No se pudo conseguir, a
pesar de todos los esfuerzos, capturar ni un soldado enemigo, ya que nuestros
soldados solo llegaron a unos 5 metros de las trincheras de las que no salió el
enemigo, pues repelió el ataque lanzando rápidamente gran cantidad de bombas de
mano y fuego de morteros.
El ataque se salda con diez bajas
republicanas -no menciona el parte si son muertos o heridos-, y aproximadamente
unas veinte entre las fuerzas de fortificación. Las tropas franquistas
lamentarán como resultado del golpe de mano la muerte de un alférez y dos
soldados, así como también 10 soldados heridos.
Restos de trincheras republicanas en la cota 300. La fotografía superior
nos muestra las trincheras que protegían el flanco derecho republicano en dicha
cota, amenazado por las tropas del 13 batallón de Zamora.
En la fotografía inferior, los restos de un refugio republicano en la
cota 300. Los soldados debían pasar los largos bombardeos artilleros metidos en
estos refugios para protegerse de las explosiones. En tiempo de lluvia estos
refugios se solían llenar de agua, siendo necesario extraerla paro no coger
enfermedades y poder descansar con un mínimo de comodidad.
Fotografías: Ángel Monreal.
Sobre las 7 horas, una veintena de Junkers
JU-52 bombardean los alrededores de la masía Villaplana y alrededores de Torre D´Endoménech,
ametrallando la carretera de Castellón
sin notables resultados. La artillería antiaérea republicana reacciona, pero no
logra derribar ningún aparato.
Durante el resto del mes, la
situación en Cuevas de Vinromá y la cota 300 es de relativa tranquilidad, esto
es, se producen los acostumbrados bombardeos de artillería realizados por ambos
contendientes y los vespertinos tiroteos desde las posiciones enfrentadas, que
ocasionan un goteo incesante de heridos y de muertos.
El 11 de junio de 1938, las tropas
nacionales ocupan por fin las trincheras republicanas de la cota 300 y la
población de Cuevas de Vinromá. Los republicanos las habían abandonado el día
anterior ante el peligro de verse embolsados por los avances franquistas hacia
la localidad de Borriol. Tras dos meses de sangrientos combates la guerra llega
a la capital de La Plana.
La cota 300, tras un mes y medio de
combates, es un sitio árido, quemado y desolado. Las explosiones de los obuses
han levantado enormes cráteres por doquier, las trincheras de los dos
combatientes han cicatrizado toda la montaña y por todas partes hay municiones,
bombas sin estallar, latas vacías de comida, alambradas rotas y, aquí y allá,
algún resto humano que ha quedado por enterrar y que no deja de recordárnos el
precio humano que cada guerra tiene.
Restos de una granada de mano modelo Lafitte. 75 años después, los
restos de la guerra siguen vigentes en la cota 300, como recuerdo de la dureza
de los combates allí entablados.
En la página siguiente, tres fotografías de diferentes huellas de la Guerra
Civil en la cota 300: restos de alambrada, de una granada Lafitte y un vaso de
un proyectil antiaéreo soviético de 76,2 mm utilizado por los republicanos.
Artículo de:
José Vicente Moya
Julve.